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La mácula es la zona central de la retina y la responsable de la visión nítida y de la visión consciente. Esto es de suma importancia, porque la visión en términos legales depende de la función macular, y si un paciente tiene daño en la mácula previo a la cirugía de catarata el cirujano debe tomarse mucho tiempo para que el paciente y sus familiares comprendan que después de la cirugía no va a recuperar la visión central que perdió, es decir, va a continuar sin poder leer ni reconocer caras.


Es importante revisar bien la mácula para tener una impresión completa de las posibilidades visuales y del estado general del ojo, para evitar dar falsas expectativas al paciente. El alto grado de éxito de la cirugía de la catarata, sumado a los constantes avances en la tecnología de producción de lentes intraoculares y la aparición de técnicas operatorias cada vez menos invasivas, hacen suponer al paciente que su visión postoperatoria será perfecta, idealizando en muchas ocasiones el estado general del aparato visual.

Es de vital importancia evaluar cuál será la visión final de cada paciente antes de promover falsas ilusiones. El estado del nervio óptico –así como la presión intraocular y el aspecto general de la retina- es uno de los principales factores a relevar con este propósito.

QUÉ ES LA MACULOPATÍA?

 Aunque el ruido ambiente sea alto, distinguimos claramente la voz de una persona que nos habla. Es la audición consciente: de la gran cantidad de estímulos que recibe, el oído selecciona aquello que le interesa. El resto (la mayor parte de la audición) funciona sólo como una variable de entorno.
 Con la visión ocurre algo similar: para caminar, orientarse o realizar cualquier actividad cotidiana, se utiliza toda la superficie de la retina; pero cuando conducimos un auto, leemos el diario o reconocemos el rostro de una persona que nos habla, ejercemos la “visión consciente” o visión central. No sólo vemos: miramos.

 La visión central no se forma en toda la retina, sino en una pequeñísima depresión central llamada mácula, y en particular en una pequeña área dentro de ella, llamada fóvea. La mácula, que mide menos de medio milímetro, es la que nos permite reconocer una cara, leer un texto, en resumidas cuentas, mirar. Todo el resto de la retina registra la información del entorno, nos ofrece un “menú” del que escoger aquello que queremos llevar hacia el centro, hacia la mácula, para mirarlo. Donde comienza la visión central, se deja de utilizar la visión periférica, se deja de “ver” en general.           
La visión periférica no puede reemplazar o compensar la ausencia o alteración en la visión central.
 
 Con la edad, pueden aparecer alteraciones en la mácula que distorsionan o impiden la visión central. Esas alteraciones se llaman maculopatías.

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