Las cataratas traumáticas están asociadas siempre a una contusión evidente en el ojo. La lógica indica que si el daño se evidencia en el cristalino, hay razones para pensar que es extensivo a otras estructuras del aparato ocular. Así, cualquier ojo traumatizado puede tener lesiones muy graves asociadas al trauma, y en general lo importante para determinar un pronóstico visual certero no es la catarata traumática en sí sino el daño ocular en general.

 

 

Catarata traumática en helecho.

 

En la catarata traumática se debe tener especialmente en cuenta que la zónula puede estar dañada, a veces en una extensión muy grande, y la ruptura zonular solo se puede intuir por facodonesis, iridonesis o separación del lente y el iris a nivel pupilar. Si el daño zonular es mayor, el cristalino se desplaza de su posición natural, presentando un cuadro denominado luxación del cristalino.

Podemos separar las cataratas traumáticas en tres grupos:

1)      Cataratas traumáticas sin lesiones asociadas.
Son cataratas unilaterales que se desarrollan después de un trauma evidente y en las que el resto del globo ocular no presenta otras lesiones traumáticas. Pueden presentarse como subcorticales anteriores o posteriores en roseta o en helecho, pero ocasionalmente se descompensan y se opacan totalmente, tomando entonces un color blanco. El pronóstico suele ser muy bueno, aunque el protocolo quirúrgico debe asumir daño zonular y el cirujano debe estar preparado para consecuencias como zonulodiálisis, prolapso vítreo y la necesidad de suturar la lente al iris, a falta de una estructura de sostén.

2)      Cataratas traumáticas con lesiones asociadas no penetrantes.
Estos casos, además de la catarata, presentan otros signos de trauma ocular: iris desplazado o atrófico, zónula suelta o distendida, desgarros o desprendimientos de retina, atrofia de papila, cicatrices en polo posterior, atrofia del nervio óptico y hemorragias. El pronóstico de estas cataratas está asociado a la gravedad del daño ocasionado por el traumatismo en las otras estructuras del ojo. Suelen ser cirugías complicadas y se debe tener todo el armamento quirúrgico y la experiencia para poder solucionarlas.

 

En las cataratas traumáticas con lesión no penetrante, el pronóstico es en general sombrío por causa de las lesiones traumáticas del polo posterior. Es importante determinar estas últimas antes de brindar un buen pronóstico al paciente.

3)      Cataratas traumáticas asociadas a heridas penetrantes.
En los ojos que sufrieron una penetración –o lo que es peor, un estallido traumático- el pronóstico está regido por el comportamiento de la herida ocular y la retracción del vítreo al cicatrizar; ambos parámetros condicionan la posibilidad de recuperar el ojo. Este tipo de cirugía es muy compleja y se debe tomar una conducta multidisciplinaria con cirujanos capaces de lidiar con el polo posterior y el segmento anterior del ojo. Toda acción se debe tomar en conjunto, ya que de otra manera el pronóstico es muy reservado. En los últimos años se ha comprendido mucho mejor el comportamiento del vítreo con relación a las heridas: el concepto básico a tener en cuenta es que el vítreo no debe quedar nunca atrapado en una herida, porque siempre tiende a reproliferar y contraerse, ejerciendo en el proceso una tracción difícil de contener y que fácilmente puede llevar a la pérdida del ojo. Son cataratas que suelen ser operadas simultáneamente con una vitrectomía, para poder solucionar tanto la catarata como las tracciones vítreas. Suelen ser cirugías muy complejas que exceden el alcance de este libro

 

El vítreo nunca debe quedar atrapado en una incisión, ya que la tracción vítrea puede ocasionar un desprendimiento de retina.

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